Hidratación en la tercera edad

25 abr Hidratación en la tercera edad: una asignatura pendiente

El agua es el elemento sobre el que se sustenta la vida. Nuestro cuerpo cuenta con una gran cantidad, pero, con el paso del tiempo, va disminuyendo paulatinamente, hasta llegar a un 45%, en las personas de la tercera edad. Esta circunstancia y la lentitud de la actividad de los órganos de estas personas hacen especialmente necesaria una hidratación constante.

Si tienes más de 65 años o cuentas con familiares de esa edad, recuerda que el control de la correcta ingestión de agua debería ser constante. Existen tópicos acerca de que el verano es el único momento para preocuparnos de la hidratación de las personas mayores, pero el riesgo existe y no debería olvidarse en ningún momento.

La falta de esta sustancia puede generar diversas consecuencias para la salud, como la aparición de cálculos renales, la proliferación de infecciones urinarias, el malestar general y los mareos. En casos muy extremos, llegar a ser fatal.

Es probable que no sientas la necesidad de beber, pero debes saber que la sensación de sed no es proporcional a tu necesidad de agua. Esto deriva en un problema, agravado por la dificultad de movilidad o presencia de otras enfermedades.

Prevenir es la única opción

No debes olvidar que, cuando aparecen las ganas de beber, ya ha comenzado la deshidratación y las consecuencias pueden ser graves y de difícil solución.

Sin embargo, existe una serie de procedimientos que previenen llegar a una situación irreversible. La prevención pasa por cumplir algunas recomendaciones básicas, que deberían convertirse en hábitos, como hidratarse con unos ocho vasos diarios de agua; o, si lo prefieres, puedes optar por zumos, caldos o refrescos.

Nada más levantarnos, dos vasos de agua ayudan al buen funcionamiento orgánico. Durante el día, debemos repartir la cantidad total, consumiendo más por la mañana que por la noche, para evitar molestias nocturnas.

Durante todo el año, la alimentación es una aliada. Las verduras, los caldos y las frutas suponen unas altas aportaciones de hidratación para nuestro cuerpo, así que no deberían faltar en tu dieta diaria. Junto a ellas, un vaso de agua es suficiente, ya que, con la edad, es habitual la aparición de problemas de saciedad gástrica.

Hay que prestar especial atención, en las épocas estivales, a los síntomas de la deshidratación, como la sed constante, pérdida de peso, somnolencia diurna o sequedad de la piel. Al mínimo indicio de cualquier sintomatología, es importante hidratarse lentamente y acudir al médico.

La salud es lo más valioso que tienes, así que no olvides que el agua es vida e ¡hidrátate!

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