Banco de recuerdos

24 may ¡Descubre los recuerdos de nuestros residentes!

En Seniors Residencias cuidamos a nuestros residentes como si fueran de nuestra propia familia. Nuestros profesionales trabajan cada día para que se sientan como en casa. Tanto es la cercanía, que algunos de ellos comparten con nosotros sus inquietudes, opiniones y experiencias de vida. Algo que nos hace muy felices, porque se trata de la confirmación del trabajo bien hecho.

Hoy queremos compartir con todos vosotros algunas de las interesantes historias de nuestros residentes. ¡No te las pierdas!

José Luis Martos

Soy integrante de la Cofradía de La Esperanza. Fui 12 años contador y 10 años Capataz. Me hice hermano a los 14 años. Ademas, salí de Nazareno llevando una vela durante dos años. Por aquel entonces el jornal se pagaba 1.000 pesetas y un paquete de tabaco.

Cuando enfermó mi mujer, prometí sacar el trono. En aquel momento tenía treinta años. Me asusté, ya que el trono de la Esperanza es el más pesado (5000Kg.). El antiguo trono pertenecía a los restos de un avión alemán que se había estrellado en Melilla (se cambió hace unos años). El año que salí estuve una semana con dolor.

Finalmente, la cofradía permitió jubilarme sacando una mesa especial con veintisiete amigos y hermanos de otras cofradías, en total cuarenta personas. Ademas, me premiaron con el “Premio de la gente de la mesa 2000”.

José Salazar, marido de Pastora de los Reyes

Pastora nació en Sevilla en el popular barrio de Triana. Desde muy pequeña mostró su pasión por el baile, bailaba a todas horas y en cualquier lugar. Su padre fue siempre muy reacio a que la niña bailase, pero su madrastra logró convencerlo (su madre falleció cuando ella era muy pequeña) y a los 9 años ingresó en una famosa academia de baile, donde comenzó su aprendizaje de flamenco y su técnica.

A los 12 años bailó en un teatro con la compañía del cantaor Beni de Cádiz, siempre acompañada por su madrastra. Bailaba en concursos, fiestas, y allá donde requerían su presencia. Fue en una tourné por el norte de España donde conoció a su marido (el que escribe), el guitarrista, José Salazar. Contrajimos matrimonio en una iglesia de Triana. Nació nuestro primer hijo (Pepe “El marqués”), que sería luego uno de los mejores guitarristas actuales.

Emigramos a la ciudad de Madrid, donde nuestra estancia se alargó por 17 años . Después nació nuestra hija María Luisa en el distrito de Río Rosas (Madrid) que nos acompañó en todas nuestras actuaciones. Los representantes de Madrid comenzaron a requerir nuestra presencia para actuar por varias ciudades españolas y por el extranjero. Teníamos varios representantes artísticos que se preocupaban por nuestras actuaciones en todo momento.

En 1975 volvimos a Sevilla ya que cuando murió Franco comenzó a escasear el trabajo. Pasados unos años, alguien reclamó nuestra presencia en Torremolinos, por lo que fuímos y actuamos en un tablao restaurant con mi familia de artistas.

He puesto todo mi empeño en relatar la vida de Pastora contada a grandes rasgos, pues es muy difícil plasmar toda una vida en un trozo de papel. Vida, de la que me siento orgulloso de haber compartido y con la que tuve la oportunidad, junto a mi mujer, de aportar nuestro granito de arena a este maravilloso mundo que es el arte flamenco.

Blanca Gómez Carrasco

Blanca vivía en Alemania cuando Massiel ganó Eurovisión con su “la, la, la…” evento que se celebraba allí ese mismo año (6 de Abril de 1968). Todos los españoles se reunieron para verlo y luego celebraron juntos cantando toda la noche. Ella cuenta como por la calle les seguían los alemanes y cantaban con ellas el “la, la, la”. Se sentía muy orgullosa de ser española y de vivir ese momento justo allí.

Se fue a Alemania por trabajo, ella trabajaba en una residencia de ancianos y su marido en una fábrica de cortinas. Allí vivió durante 10 años y tuvo a su único hijo, pero siempre quiso volver a España. Recuerda como un día le hizo una tortilla de patatas a una de sus amigas alemanas y como no paraba de decirle “que era mucho muy bueno”. Cuando pudo ahorrar, volvió a su tierra y montó con su marido un bar en Madrid.

Blanca relata lo duro que fue dejar España pero está muy agradecida de su estancia allí y de lo bien que la trataron. Lo más significativo que recuerda de los alemanes es que bebían mucho, sus jarras de cervezas no eran del tamaño de las españolas. A pesar de reconocer que eran muy “suyos”, algunos sabían español y se relacionaban sin problemas con todos los españoles que se encontraban allí por trabajo.

 

 

 

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